Doomscrolling y consumo compulsivo de malas noticias: mecanismos psicológicos, efectos sobre la salud mental y vías de afrontamiento
Introducción: de la búsqueda de información a la lectura compulsiva de amenazas
La búsqueda de noticias permite reducir la incertidumbre y orientar decisiones, pero puede convertirse en doomscrolling, entendido como el consumo persistente y compulsivo de contenidos negativos pese al malestar que producen (Güme, 2024). Esta conducta combina exposición repetida, atención difícil de interrumpir y expectativa de encontrar información relevante. Su expansión se relaciona con crisis sanitarias, terremotos, guerras y transformaciones de las plataformas digitales (Akat & Hamarta, 2025). La evidencia reciente vincula el doomscrolling con ansiedad, estrés, depresión y menor bienestar, aunque la mayoría de los estudios son correlacionales (Sharpe et al., 2026). Comprender el fenómeno exige distinguir la vigilancia informativa adaptativa de una pauta de consumo que mantiene la amenaza psicológicamente presente.
Por qué seguimos leyendo malas noticias: sesgo de negatividad, incertidumbre y ansiedad existencial
El sesgo de negatividad y la percepción de un mundo cada vez más amenazante
Las noticias negativas reciben atención porque describen daños, conflictos y amenazas que pueden afectar la seguridad individual o colectiva. El sesgo de negatividad favorece que las personas prioricen acontecimientos adversos frente a contenidos positivos, mientras que la lógica mediática de «si sangra, vende» amplía su presencia en los flujos informativos (Shabahang et al., 2024). La exposición reiterada puede hacer que los problemas sociales parezcan más frecuentes o inevitables, una predicción compatible con la teoría del cultivo. En un panel de tres olas realizado en Suecia, la orientación hacia noticias generales se asoció con mayor ansiedad ante el cambio climático, mientras que la orientación hacia medios alternativos se vinculó con mayor ansiedad ante los delitos violentos; las asociaciones siguieron el tipo de negatividad dominante en cada ecosistema (Andersen et al., 2024). Por tanto, el consumo no refleja únicamente una oferta objetiva de amenazas: también selecciona contenidos congruentes con creencias previas.
El estudio transcultural realizado con estudiantes universitarios de Irán y Estados Unidos relacionó el doomscrolling con mayor ansiedad existencial en ambas muestras (Shabahang et al., 2024). La asociación entre doomscrolling y misantropía apareció solo en la muestra iraní, lo que limita cualquier generalización cultural. Estos resultados son compatibles con la hipótesis del trauma inducido por los medios y con la teoría de las asunciones fragmentadas, pero no demuestran que leer noticias negativas produzca por sí mismo una visión pesimista de la humanidad. La ansiedad puede preceder la búsqueda, intensificarla y resultar también amplificada por ella.
La intolerancia a la incertidumbre como motor de búsqueda repetitiva de información
La intolerancia a la incertidumbre convierte la información en una estrategia de control subjetivo. Durante una crisis, consultar nuevas actualizaciones puede parecer una forma razonable de anticipar riesgos; cuando ninguna actualización elimina la duda, la consulta se repite. Una revisión de 17 estudios identifica la intolerancia a la incertidumbre, la rumiación y el agotamiento emocional como explicaciones recurrentes del doomscrolling (Sharpe et al., 2026). En una encuesta de adultos de 18 a 55 años, la intolerancia a la incertidumbre se asoció directamente con el doomscrolling y con menor bienestar mental, y el doomscrolling medió parte de esa relación (Kaya & Griffiths, 2024).
La información ofrece alivio breve, pero cada noticia puede introducir nuevas amenazas, contradicciones o preguntas. El circuito resultante no requiere una intención de autolesión ni una preferencia estable por el contenido triste. Puede comenzar con vigilancia prudente y continuar mediante búsqueda ansiosa, especialmente cuando las plataformas entregan novedades sin un punto natural de cierre (C, 2026). La revisión disponible describe este patrón como una estrategia de afrontamiento desadaptativa que reduce temporalmente la tensión y después la incrementa (Sharpe et al., 2026).
De la regulación emocional al ciclo compulsivo de consumo y malestar
El ciclo puede representarse como una secuencia de amenaza percibida, búsqueda, alivio parcial, nueva exposición y malestar. La retroalimentación algorítmica y el desplazamiento infinito reducen las pausas que permitirían reevaluar la conducta (Sharpe et al., 2026). Los testimonios cualitativos muestran que quienes practican doomscrolling describen ansiedad, impotencia, apatía y enfado, aunque sus estrategias de afrontamiento varían: limitar noticias, conversar colectivamente o desplazar la atención hacia actividades cotidianas (Kazun & Malygina, 2024). Esa variabilidad impide tratar toda lectura intensa como una conducta uniforme.
La compulsión aparece cuando la búsqueda deja de servir a una decisión concreta y pasa a regular estados emocionales sin resolverlos. Esta distinción conduce al problema siguiente: cuándo la información deja de aumentar la capacidad de respuesta y empieza a deteriorar el bienestar.
Cuando informarse perjudica: doomscrolling, adicción a las redes y deterioro del bienestar
Ansiedad, estrés y malestar psicológico asociados con el consumo problemático de noticias
La asociación entre consumo problemático de noticias y malestar aparece en estudios con poblaciones y medidas distintas. Una replicación longitudinal del constructo consumo problemático de noticias confirmó que el perfil de mayor problematicidad presentaba más malestar mental en el análisis transversal y también en el modelo autorregresivo, aunque no mostró mayor malestar físico en este último (McLaughlin et al., 2024). La proporción de participantes en ese perfil fue menor que en el estudio inicial, lo que sugiere sensibilidad a la muestra y a la clasificación empleada. La revisión de alcance encuentra asociaciones repetidas con ansiedad, depresión, estrés y menor resiliencia, pero advierte que predominan diseños transversales y autoinformes (Sharpe et al., 2026).
Los datos de adultos egipcios muestran una correlación positiva entre doomscrolling y ansiedad, junto con asociaciones negativas entre resiliencia, doomscrolling y ansiedad (El-Sayed & Alzaharni, 2025). El modelo estructural estimó un efecto directo del doomscrolling sobre la ansiedad y un efecto indirecto mediante menor resiliencia, pero el diseño descriptivo correlacional no establece dirección causal. En entrevistas, los participantes también describieron consecuencias físicas y lenguaje clínico para nombrar su malestar (Kazun & Malygina, 2024). Estas narrativas complementan las escalas porque muestran cómo la conducta se experimenta, aunque no permiten estimar prevalencia.
El papel mediador del doomscrolling entre uso problemático, adicción y sufrimiento
El doomscrolling se sitúa entre el uso problemático de redes y varios indicadores de sufrimiento en modelos de mediación. En 460 estudiantes universitarios, el consumo problemático de redes sociales se asoció con estrés psicológico, y el doomscrolling medió esa relación (Canoğulları, 2025). En 398 adolescentes, el doomscrolling y el ajuste psicológico mediaron en serie la relación entre uso problemático de redes y malestar psicológico (Kaya, 2025). La convergencia sugiere un mecanismo plausible: una conexión digital difícil de regular facilita la exposición negativa, que se acompaña de peor ajuste y mayor ansiedad, depresión o estrés.
La dirección temporal es menos clara. En un estudio de dos olas con 301 adolescentes turcos, la adicción a redes sociales en el primer momento predijo doomscrolling dos meses después, mientras que el doomscrolling inicial no predijo la posterior adicción (Akat & Hamarta, 2025). Este resultado contradice una interpretación en la que toda lectura negativa genera adicción y sitúa la adicción previa como factor de riesgo más consistente. La sobrecarga informativa, social, comunicativa y de funciones del sistema también se relaciona con agotamiento y adicción a redes en el metaanálisis correspondiente (Tyrväinen et al., 2025). Así, el contenido negativo constituye una parte de un sistema de autorregulación deteriorada, no una explicación aislada.
Consecuencias ampliadas: pesimismo sobre la naturaleza humana, hostilidad política y teorías de la conspiración
La exposición persistente puede extender sus efectos desde el estado emocional hacia las creencias sociales y políticas. En Irán, pero no en Estados Unidos, el doomscrolling se asoció con misantropía, mientras que ambas muestras mostraron mayor ansiedad existencial (Shabahang et al., 2024). En dos encuestas, el consumo problemático de noticias se vinculó con mayor hostilidad política, y la atención plena disposicional se relacionó indirectamente con menor hostilidad mediante menor consumo problemático (McLaughlin, Gotlieb, & Mills, 2024). La relación fue más marcada entre personas con orientación de aproximación al conflicto, lo que indica que las disposiciones previas condicionan la respuesta al entorno mediático.
El vínculo con las teorías de la conspiración presenta una dirección más compleja. La creencia conspirativa predijo sentimientos negativos, búsqueda y difusión de información consumida durante el doomscrolling, pero solo la difusión predijo posteriormente la creencia conspirativa (Kaye & Johnson, 2024). La confianza en redes basadas en vídeo se relacionó con mayor difusión y mayor adhesión a teorías conspirativas, aunque el apoyo político previo fue el predictor más fuerte de estas creencias (Kaye & Johnson, 2024). El doomscrolling, por tanto, puede intensificar circuitos de confirmación y difusión sin explicar por sí solo la radicalización.
Quién es más vulnerable: adolescencia, generación Z y exposición a crisis colectivas
Adolescentes y jóvenes ante el uso problemático de las redes sociales
La adolescencia reúne alta conectividad, dependencia de redes para la interacción cotidiana y una capacidad de autorregulación todavía en desarrollo. En adolescentes de 12 a 19 años, la adicción a redes sociales predijo doomscrolling dos meses después, pero la relación inversa no alcanzó predicción temporal (Akat & Hamarta, 2025). En otra muestra adolescente, el uso problemático se relacionó con malestar a través del doomscrolling y del ajuste psicológico (Kaya, 2025). Estos resultados apoyan intervenciones centradas en hábitos digitales y regulación emocional, sin convertir la edad en una explicación suficiente.
Los estudios sobre generación Z reproducen la asociación entre doomscrolling y problemas de salud mental, pero sus muestras universitarias y diseños transversales restringen la inferencia. Una investigación con 250 estudiantes de 18 a 25 años halló una relación positiva moderada entre doomscrolling y problemas de salud mental (Bajwa & Mohsin, 2026). La evidencia identifica vulnerabilidad estadística, no una característica generacional fija.
Miedo a terremotos, pandemias y guerras: el doomscrolling en contextos de amenaza real
Las crisis reales modifican el valor informativo de las noticias. Tras el terremoto de Kahramanmaraş, un estudio longitudinal con estudiantes turcos encontró que el miedo al terremoto se relacionó con intolerancia a la incertidumbre mediante rutas que incluían doomscrolling y ansiedad (Özmen, 2025). Otro estudio estructural confirmó funciones mediadoras de la intolerancia a la incertidumbre y el doomscrolling entre miedo sísmico y malestar psicológico (Kaya et al., 2025). La convergencia no implica que consultar alertas sea patológico: el problema aparece cuando la actualización repetida mantiene la activación sin mejorar la preparación.
La resiliencia psicológica y el ajuste como factores de protección
La resiliencia psicológica se asocia con menor doomscrolling y menor ansiedad, y amortigua la relación entre ambos en adultos egipcios (El-Sayed & Alzaharni, 2025). El ajuste psicológico también forma parte de la cadena que conecta uso problemático y malestar en adolescentes (Kaya, 2025). Estos factores pueden reducir la reactividad, pero la evidencia todavía no permite afirmar que una intervención los incremente de manera duradera o que eso reduzca el doomscrolling.
El entorno informativo que mantiene el ciclo: sobrecarga, algoritmos y predominio de la negatividad
La lógica de «si sangra, vende» y la normalización de las noticias negativas
La prevalencia de noticias negativas no depende solo de preferencias individuales. La cobertura mediática privilegia corrupción, fraude, violencia, terrorismo y guerra, contenidos congruentes con el sesgo de negatividad (Shabahang et al., 2024). El análisis comparativo de medios suecos mostró que la negatividad cambia según el tipo de medio y el asunto tratado (Andersen et al., 2024). La audiencia, por su parte, busca información que confirme orientaciones previas, de modo que la selección y la oferta se refuerzan mutuamente.
Sobrecarga informativa, atención móvil y refuerzo de la navegación interminable
La sobrecarga informativa se integra con sobrecarga social, comunicativa y de funciones de la plataforma. El metaanálisis de redes sociales vincula esas dimensiones con agotamiento y adicción, aunque no estudia específicamente cada episodio de doomscrolling (Tyrväinen et al., 2025). La revisión sobre doomscrolling identifica el desplazamiento infinito y la entrega algorítmica como mecanismos de mantenimiento (Sharpe et al., 2026). El móvil añade disponibilidad continua, pero la evidencia citada no permite separar con precisión el efecto del dispositivo del efecto del contenido o del hábito.
Noticias, redes sociales, marcas y confianza: distintas formas de exposición negativa
El fenómeno también aparece fuera de la información política. La escala de propensión al doomscrolling aplicada a noticias negativas de marcas organiza la tendencia alrededor de amenaza percibida para la supervivencia y miedo a la muerte (Mandliya et al., 2024). En redes, la confianza en plataformas de vídeo y texto se relaciona con reacciones negativas, búsqueda y difusión de noticias consumidas compulsivamente (Kaye & Johnson, 2024). Estos hallazgos amplían el concepto, pero también muestran la necesidad de distinguir noticias periodísticas, publicaciones de usuarios y comunicación comercial.
Síntesis crítica: qué muestran realmente los estudios y dónde persisten las discrepancias
Convergencias entre estudios correlacionales, longitudinales y de mediación
La evidencia converge en tres asociaciones: el doomscrolling acompaña a mayor malestar, la intolerancia a la incertidumbre favorece su aparición y la adicción o el uso problemático de redes aumentan el riesgo. Los modelos de mediación replican rutas entre uso digital, doomscrolling y sufrimiento (Canoğulları, 2025; Kaya, 2025). Los estudios longitudinales añaden que la adicción previa predice doomscrolling (Akat & Hamarta, 2025) y que el malestar mental persiste en perfiles de consumo problemático (McLaughlin et al., 2024). La protección asociada con resiliencia y atención plena aparece en muestras diferentes (El-Sayed & Alzaharni, 2025; McLaughlin, Gotlieb, & Mills, 2024).
Límites para afirmar causalidad: diseños transversales, autoinformes y escalas emergentes
La revisión de alcance identifica inconsistencia conceptual, sesgo de autoinforme y escasez de estudios experimentales (Sharpe et al., 2026). Las muestras universitarias, de conveniencia, en línea o reclutadas por bola de nieve restringen la representatividad. Incluso los modelos longitudinales tienen solo dos olas o intervalos breves, por lo que no resuelven completamente la causalidad recíproca (Akat & Hamarta, 2025; Özmen, 2025). Las escalas recientes miden propensión, consumo problemático o doomscrolling con contenidos y umbrales no equivalentes (Mandliya et al., 2024; McLaughlin et al., 2024).
Entre la vigilancia adaptativa y la compulsión dañina: el debate sobre cuándo informarse deja de ayudar
Informarse durante una amenaza puede mejorar la preparación, pero los estudios revisados no ofrecen un límite temporal universal. La propuesta de consumo atento y armonioso rechaza una duración fija para todas las personas y recomienda una actitud agente frente a la noticia negativa (Shabahang & Weber, 2025). El criterio más defendible combina función y consecuencia: la consulta ayuda cuando responde a una decisión delimitada; perjudica cuando continúa sin modificar acciones y aumenta el malestar. Esa distinción evita patologizar la preocupación legítima sin normalizar la exposición compulsiva.
Vacíos de investigación y propuestas para un consumo más consciente de malas noticias
Necesidad de definiciones comparables y medidas longitudinales del doomscrolling
La investigación necesita separar frecuencia, duración, contenido, motivación y pérdida de control. También debe distinguir consumo de noticias, desplazamiento por redes, difusión y búsqueda de confirmación. La revisión de 17 estudios recomienda instrumentos validados y diseños longitudinales o experimentales (Sharpe et al., 2026). Los trabajos futuros deberían seguir participantes durante crisis y periodos ordinarios, incorporar registros conductuales y medir ansiedad, bienestar, sueño y funcionamiento por separado.
Intervenciones aún insuficientemente evaluadas: atención plena, consumo armonioso y resiliencia
La atención plena, el consumo armonioso, la alfabetización digital y el fortalecimiento de la resiliencia son propuestas plausibles, pero su evaluación sigue siendo limitada. Un estudio experimental de «desplazamiento amable» produjo beneficios afectivos solo a corto plazo (Sharpe et al., 2026). La atención plena se asoció con menor hostilidad mediante menor consumo problemático, aunque esa evidencia procede de encuestas (McLaughlin, Gotlieb, & Mills, 2024). Se requieren ensayos que comparen límites flexibles, pausas deliberadas, fuentes diversas y entrenamiento de regulación emocional, con seguimiento suficiente para detectar recaídas y efectos adversos.
Conclusión: comprender el ciclo para recuperar una relación equilibrada con la información
El doomscrolling surge cuando una búsqueda razonable de información se convierte en regulación repetitiva de la incertidumbre. La negatividad mediática, el diseño de las plataformas y las vulnerabilidades psicológicas se combinan, pero ninguna dimensión explica por sí sola el resultado. La evidencia asocia la conducta con ansiedad, estrés, menor bienestar y hostilidad, mientras que los estudios longitudinales todavía ofrecen una imagen parcial de la dirección causal. Una relación equilibrada con las noticias exige definir para qué se consulta, reconocer cuándo la actualización ya no cambia decisiones y recuperar pausas que permitan actuar. La investigación deberá determinar qué intervenciones reducen el malestar sin limitar el acceso ciudadano a información necesaria.
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