Deconstruyendo la confianza digital: El impacto del screenshot descontextualizado en la integridad de las comunidades en línea
Introducción
Planteamiento del problema y relevancia contemporánea
La comunicación digital transforma las interacciones humanas y la estructuración de las comunidades. Las plataformas en línea facilitan nuevas formas de agrupación y el desarrollo de identidades colectivas (Imbaquingo Pérez, 2019). Este entorno, caracterizado por la inmediatez y la accesibilidad, también introduce desafíos significativos para la autenticidad y la confianza (Voutssas-Marquez, 2017). Un fenómeno particular que perturba la integridad de las comunidades en línea es la descontextualización de los capturas de pantalla (screenshots) (Oliveira, 2015). Estas imágenes, extraídas de su contexto original, pueden manipular percepciones y distorsionar el discurso, afectando directamente la cohesión y la fiabilidad dentro de estos espacios digitales (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
La confianza constituye un elemento fundamental para la funcionalidad de cualquier sistema social, incluidas las agrupaciones digitales (Ganga & Capurro, 2015)(Mariñez Sánchez, 2012). En el ámbito digital, la construcción de la confianza se vuelve compleja debido a la ausencia de señales no verbales y la facilidad con la que la información puede ser alterada o presentada de manera engañosa (Voutssas-Marquez, 2017). La circulación de capturas de pantalla descontextualizadas se ha convertido en una herramienta recurrente para la propagación de desinformación y la polarización de opiniones, generando fricción y desconfianza entre los miembros de las comunidades (Didier et al., 2020)(Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). Esta práctica erosiona la capacidad de discernir la verdad y fomenta un ambiente de escepticismo, comprometiendo la calidad de la interacción y el capital social acumulado en estos colectivos (Ganga & Capurro, 2015).
Tesis y objetivos analíticos
La tesis central de este análisis sostiene que el uso extendido y la descontextualización de capturas de pantalla socavan la confianza en las comunidades en línea, con consecuencias adversas para la cohesión social y la integridad del discurso. Se observa cómo esta práctica altera la percepción de la realidad compartida, fragmenta el consenso y exacerba la polarización (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
Para abordar esta problemática, se establecen los siguientes objetivos analíticos:
- Examinar los mecanismos teóricos que sustentan la construcción y el mantenimiento de la confianza en los ecosistemas digitales.
- Caracterizar la proliferación y las mecánicas de la descontextualización de capturas de pantalla como forma de evidencia digital.
- Analizar el impacto multifacético de la descontextualización en la cohesión, la propagación de desinformación y las implicaciones individuales y colectivas.
- Identificar las respuestas y estrategias implementadas por instituciones y comunidades para mitigar los efectos negativos de la manipulación de la evidencia digital.
- Formular recomendaciones para fortalecer la confianza y la integridad en las comunidades en línea.
Este trabajo contribuye a la comprensión de las dinámicas sociales-tecnologicas que sustentan la confianza en entornos digitales y ofrece perspectivas para fomentar espacios en línea más resilientes y auténticos.
Revisión temática: Dinámicas de confianza y desinformación en entornos digitales
La construcción de la confianza en comunidades digitales: enfoques teóricos y sociotécnicos
La confianza, entendida como la expectativa positiva sobre las intenciones o el comportamiento de otros en situaciones de incertidumbre, es un pilar en la interacción humana (Riera Adrover et al., 2020). En las comunidades digitales, su edificación se complejiza por la mediación tecnológica y la ausencia de contacto físico (Voutssas-Marquez, 2017). Modelos teóricos sugieren que la confianza digital se erige sobre la base de la benevolencia, la integridad y la competencia de los miembros (Hernández-Soto et al., 2020). La percepción de honestidad y la fiabilidad en el intercambio de información son cruciales para que una comunidad virtual prospere (Hernández-Soto et al., 2020)(2015).
Las relaciones personales y las experiencias previas satisfactorias consolidan la confianza entre los participantes de comunidades transdisciplinarias (Hernández-Soto et al., 2020). La comunicación interna, a través de plataformas digitales, también contribuye a la gestión del conocimiento y al fortalecimiento de la cultura organizacional, lo que indirectamente nutre la confianza (2015)(Pineda Henao, 2020). Desde una perspectiva sociotécnica, las propias arquitecturas de las plataformas (algoritmos, sistemas de moderación, mecanismos de verificación) influyen en la percepción de fiabilidad (Didier et al., 2020). Sin embargo, la naturaleza hipertextual del lenguaje digital y la facilidad de crear y compartir contenidos híbridos (visuales, orales, táctiles) también abren vías para la alteración y la descontextualización, representando un desafío constante para la confianza (Oliveira, 2015). La confianza se convierte en un concepto funcional y multidimensional que opera en la complejidad inherente a estos entornos (Mariñez Sánchez, 2012).
Transformaciones tecnológicas y la proliferación del screenshot como evidencia
Las transformaciones tecnológicas han reconfigurado los paradigmas de la comunicación y el acceso a la información (Alonso-Arévalo, 2017)(Borén Alfaro, n.d.). La digitalización masiva de documentos y la ubicuidad de los dispositivos móviles han hecho del screenshot una forma de «evidencia» omnipresente (Voutssas-Marquez, 2017). La capacidad de capturar instantáneamente cualquier contenido visible en una pantalla lo convierte en un medio rápido y aparentemente directo de documentar interacciones, declaraciones o publicaciones en línea (Cárdenas & Duarte, 2011). Este formato, al ser una imagen, capitaliza la cultura visual predominante en la comunicación contemporánea, donde el contenido visual a menudo se percibe como más impactante y convincente que el textual (Isensee & Rosumek, 2018)(Lima et al., 2020).
La facilidad de creación y distribución de capturas de pantalla contrasta con la dificultad inherente de verificar su autenticidad y su contexto original (Voutssas-Marquez, 2017). Aunque los avances en las tecnologías de la información y comunicación (TIC) ofrecen nuevas oportunidades para el análisis y la difusión de la investigación, también presentan retos en la evaluación de la calidad de la información (Alonso-Arévalo, 2017). La imagen digital, como «documento-fuente», puede ser manipulada sutilmente, haciendo que la distinción entre lo real y lo alterado sea cada vez más ambigua (Cárdenas & Duarte, 2011)(Hernández-Muñiz et al., 2020). Esta ambigüedad se intensifica cuando las imágenes se extraen de su secuencia narrativa o del diálogo completo, perdiendo su significado original y adquiriendo uno nuevo, potencialmente engañoso, al ser reintroducidas en un contexto diferente (Pérez Galán & Prieto Ramos, 2020). La proliferación de estos fragmentos visuales como sustitutos de la comunicación completa desafía la credibilidad y la veracidad en los entornos en línea.
Descontextualización digital: mecánicas, motivaciones y alcance
La descontextualización digital opera mediante la extracción deliberada de un fragmento de información, como una captura de pantalla, de su entorno comunicativo original para presentarlo en uno nuevo, donde su significado se altera o distorsiona (Sanmartín Sáez, 2019). Las mecánicas de esta práctica son variadas, abarcando desde el recorte selectivo de imágenes hasta la omisión de conversaciones previas o posteriores (Cárdenas & Duarte, 2011). Este proceso transforma la información visual en una «evidencia» maleable, susceptible de servir a narrativas preestablecidas. La facilidad con la que se pueden generar y distribuir estos fragmentos contribuye a su rápida propagación (Isensee & Rosumek, 2018).
Las motivaciones detrás de la descontextualización son diversas, incluyendo la intención de generar controversia, desacreditar a individuos o grupos, o influir en la opinión pública (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Didier et al., 2020). En contextos de desacuerdo, la descontextualización puede ser una estrategia para el ciberacoso o la incivilidad, donde se busca quebrar la cortesía social al presentar una versión sesgada de los hechos (Sanmartín Sáez, 2019). El alcance de esta práctica es vasto, afectando desde interacciones personales en redes sociales hasta debates políticos y la reputación de instituciones (González Hernández, 2016)(Cabezuelo Lorenzo & Ruiz Carreras, 2010). La información descontextualizada puede circular rápidamente, ganando tracción y siendo aceptada como verídica antes de que se pueda realizar una verificación adecuada, lo que la convierte en un desafío considerable para la autenticidad informativa en línea (Didier et al., 2020)(Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020).
Normativas, ética y gobernanza de la autenticidad informativa en plataformas en línea
La creciente prevalencia de la desinformación y la manipulación de contenidos digitales, incluyendo los screenshots descontextualizados, ha catalizado la necesidad de normativas y marcos éticos para la gobernanza de la autenticidad informativa en plataformas en línea (Didier et al., 2020). Instituciones públicas y organismos internacionales reconocen la erosión de la confianza pública y la polarización discursiva como resultados de la circulación de información engañosa (Mani & Echeverría, 2019)(Estella de Noriega, 2020). Esto ha impulsado el desarrollo de políticas destinadas a mitigar los efectos de las «noticias falsas» (fake news) y la descontextualización en el ciberespacio (Didier et al., 2020).
La ética de la comunicación digital subraya la responsabilidad de los usuarios y las plataformas en la verificación y la contextualización de la información compartida (Pineda Henao, 2020). La gobernanza de la autenticidad informativa no se limita a la regulación, sino que abarca iniciativas de alfabetización mediática y el fomento de un pensamiento crítico entre los usuarios (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018). Algunas plataformas implementan sistemas de verificación de hechos o etiquetas de advertencia, pero la escala y la velocidad de la desinformación a menudo superan la capacidad de respuesta (Didier et al., 2020). La complejidad de la situación estriba en equilibrar la libertad de expresión con la necesidad de proteger la integridad del discurso público y la confianza en las fuentes de información (Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). La colaboración entre la sociedad civil, las empresas tecnológicas, los gobiernos y la academia se considera fundamental para establecer un marco robusto que promueva la veracidad y la transparencia en el entorno digital (Alonso-Arévalo, 2017).
Análisis crítico: Impacto sistémico del screenshot descontextualizado en la integridad comunitaria
Disrupción de la cohesión social y erosión de la confianza interna
La descontextualización de capturas de pantalla genera una disrupción considerable en la cohesión social de las comunidades en línea. Al presentar información fragmentada y engañosa, se cultiva un ambiente de sospecha que erosiona la confianza entre los miembros (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019). La confianza, un factor esencial para la estabilidad de las interacciones sociales, se ve comprometida cuando los participantes dudan de la veracidad de la «evidencia» presentada (Riera Adrover et al., 2020)(Hernández-Soto et al., 2020). Esta erosión es particularmente dañina en comunidades donde la comunicación es el principal vehículo para la construcción de identidad y sentido de pertenencia (Imbaquingo Pérez, 2019)(Segarra Arnau, n.d.).
La percepción de que las interacciones pueden ser arbitrariamente sacadas de contexto y utilizadas con fines malintencionados desalienta la participación abierta y espontánea. Esto reduce el intercambio de conocimientos y la colaboración, que dependen fuertemente de un entorno de confianza (Hernández-Soto et al., 2020)(2015). La confianza interna de una comunidad se deteriora progresivamente, dificultando la resolución de conflictos y la formación de consensos. La descontextualización de screenshots, al amplificar malentendidos y alimentar narrativas divisivas, contribuye a la fragmentación de la comunidad en subgrupos polarizados, cada uno con su propia interpretación de los hechos y una desconfianza mutua acentuada (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
Propagación de desinformación y polarización discursiva
La descontextualización de capturas de pantalla sirve como un mecanismo eficaz para la propagación de desinformación. Estas imágenes, al carecer de su contexto original, pueden ser fácilmente insertadas en narrativas falsas o engañosas, adquiriendo una aparente credibilidad visual que las hace difíciles de refutar sin una investigación profunda (Cárdenas & Duarte, 2011)(Isensee & Rosumek, 2018). La velocidad con la que la información se comparte en las redes sociales exacerba este problema, permitiendo que la desinformación alcance a vastas audiencias antes de que se pueda intervenir (Didier et al., 2020).
Esta dinámica fomenta la polarización discursiva. Los usuarios, influenciados por sus propias predisposiciones políticas o ideológicas, tienden a aceptar y difundir información que valida sus puntos de vista, incluso si está descontextualizada (Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). El entorno digital se convierte en una «ágora electrónica» donde la información no verificada y la retórica conflictiva pueden intensificar las tensiones sociales (Didier et al., 2020)(Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017). La ciberdescortesía, facilitada por el anonimato o la percepción de distancia, se incrementa, transformando los desacuerdos en confrontaciones directas que fragmentan el diálogo y profundizan las divisiones (Sanmartín Sáez, 2019). La capacidad de las comunidades para funcionar como espacios de intercambio constructivo se ve gravemente comprometida por la constante amenaza de la manipulación discursiva.
Repercusiones jurídicas, reputacionales y psicológicas para los individuos y colectivos
La descontextualización de capturas de pantalla conlleva repercusiones significativas en varios planos. Jurídicamente, la difusión de información manipulada puede constituir difamación o calumnia, especialmente cuando afecta la reputación de individuos o entidades. La dificultad de rastrear el origen y la autoría de una descontextualización complica la aplicación de medidas legales, aunque existen precedentes en casos de injuria en redes sociales (Sanmartín Sáez, 2019).
A nivel reputacional, el daño puede ser devastador. Una captura de pantalla descontextualizada puede destruir la imagen pública de una persona, una empresa o una organización en cuestión de horas, con efectos duraderos (González Hernández, 2016). Esta vulnerabilidad genera un clima de cautela y desconfianza, forzando a los individuos a auto-censurarse para evitar ser víctimas de la manipulación. Psicológicamente, los afectados pueden experimentar estrés, ansiedad e incluso aislamiento, al ver su identidad o sus palabras distorsionadas y usadas en su contra (Imbaquingo Pérez, 2019). Para los colectivos, la descontextualización puede sembrar la discordia interna, generar conflictos entre facciones y desviar recursos y energía de los objetivos comunitarios hacia la gestión de crisis reputacionales (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017). La integridad de la comunicación se ve comprometida, lo que repercute en la salud mental de los participantes y en la viabilidad de las comunidades digitales como espacios seguros y productivos.
Respuestas institucionales y comunitarias ante la manipulación de evidencia digital
Frente a la manipulación de evidencia digital, diversas respuestas institucionales y comunitarias emergen para salvaguardar la integridad de la información. Institucionalmente, las plataformas en línea han introducido medidas de moderación de contenido y sistemas de denuncia para identificar y eliminar material descontextualizado o engañoso (Didier et al., 2020). Algunos gobiernos y organismos supranacionales exploran marcos regulatorios para responsabilizar a las plataformas por la difusión de desinformación (Estella de Noriega, 2020). Además, se promueve la alfabetización digital y mediática para equipar a los usuarios con las habilidades necesarias para discernir la autenticidad de la información y comprender las dinámicas de la descontextualización (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018).
A nivel comunitario, las propias agrupaciones en línea desarrollan mecanismos de autodefensa. Esto incluye la creación de normas de convivencia explícitas que penalizan la descontextualización, el fomento de la verificación entre pares y la designación de moderadores comunitarios (Sanmartín Sáez, 2019). Las comunidades de práctica, por ejemplo, dependen de la integridad y la benevolencia de sus miembros para el intercambio de conocimientos, lo que las impulsa a desarrollar estrategias para mantener la confianza (Hernández-Soto et al., 2020). Algunos colectivos implementan campañas de concienciación sobre los peligros de la desinformación y el impacto de los screenshots descontextualizados (Didier et al., 2020). La colaboración entre los administradores de la plataforma y los líderes comunitarios ha demostrado ser efectiva en la gestión de crisis de confianza, aunque el desafío persiste debido a la naturaleza dinámica y descentralizada de la comunicación en línea (Pineda Henao, 2020).
Conclusión
Síntesis argumentativa y evaluación del estado actual
La investigación ha elucidado cómo la descontextualización de capturas de pantalla emerge como una amenaza significativa para la integridad de las comunidades en línea y la confianza digital. La facilidad con la que se generan y distribuyen estos fragmentos visuales permite la manipulación de narrativas, impactando la cohesión social y exacerbando la polarización (Isensee & Rosumek, 2018)(Sanmartín Sáez, 2019). La confianza, un constructo esencial para la interacción y el capital social, se ve comprometida al sembrar la duda sobre la autenticidad de la información y las intenciones de los comunicadores (Hernández-Soto et al., 2020)(Mariñez Sánchez, 2012).
El análisis de la construcción de la confianza en entornos digitales resalta la importancia de la benevolencia, la integridad y la experiencia positiva en las interacciones (Hernández-Soto et al., 2020). Sin embargo, las transformaciones tecnológicas han facilitado la proliferación de «evidencia» visual susceptible de manipulación (Cárdenas & Duarte, 2011). Las mecánicas de descontextualización, impulsadas por diversas motivaciones, tienen un alcance amplio, afectando tanto a individuos como a colectivos en sus dimensiones jurídicas, reputacionales y psicológicas (Sanmartín Sáez, 2019)(Didier et al., 2020).
El estado actual revela un esfuerzo continuo por parte de instituciones y comunidades para contrarrestar esta problemática mediante la moderación de contenido, la alfabetización digital y la promoción de normas de conducta. No obstante, la velocidad y escala de la desinformación en un entorno digital en constante evolución representan un desafío persistente (Didier et al., 2020). La complejidad del problema exige un enfoque multifacético que combine la regulación tecnológica con la educación de los usuarios y el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria. La capacidad de las comunidades en línea para mantener su vitalidad y propósito depende críticamente de su habilidad para cultivar y preservar la confianza en un panorama comunicativo incierto.
Recomendaciones estratégicas para fortalecer la integridad digital comunitaria
Para fortalecer la integridad digital y la confianza en las comunidades en línea, se sugieren las siguientes recomendaciones estratégicas:
- Desarrollo de herramientas de verificación de autenticidad: Las plataformas deben invertir en tecnologías avanzadas que permitan detectar manipulaciones en imágenes y videos, como marcas de agua digitales o metadatos verificables. Un sistema de trazabilidad de la fuente original de las imágenes podría ayudar a contextualizar y verificar la «evidencia» visual (Hernández-Muñiz et al., 2020).
- Fomento de la alfabetización mediática y digital: Implementar programas educativos robustos que enseñen a los usuarios a identificar la desinformación, a evaluar críticamente las fuentes y a comprender las mecánicas de la descontextualización. Esto incluye la promoción de un pensamiento escéptico y la verificación cruzada de información (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018).
- Establecimiento de normas comunitarias claras y aplicables: Las comunidades en línea deben formalizar códigos de conducta que aborden explícitamente la descontextualización de contenido y sus consecuencias. La aplicación consistente de estas normas, con mecanismos de denuncia transparentes y procesos de mediación, refuerza la integridad del discurso (Sanmartín Sáez, 2019).
- Promoción de la comunicación contextualizada: Incentivar a los usuarios a compartir información completa y contextualizada, desincentivando el uso de fragmentos aislados que puedan inducir a error. Las plataformas pueden facilitar esto mediante funciones que enlacen automáticamente los screenshots a su origen o a discusiones completas.
- Inversión en investigación sobre inteligencia artificial para la detección de desinformación: Utilizar modelos de aprendizaje automático para identificar patrones de descontextualización y difusión de desinformación, permitiendo una respuesta más rápida y eficiente por parte de los moderadores de contenido (Didier et al., 2020).
- Colaboración multidisciplinar: Impulsar la cooperación entre tecnólogos, sociólogos, psicólogos, educadores y juristas para desarrollar soluciones integrales que aborden tanto los aspectos técnicos como los humanos de la desconfianza digital (Sadi Durón & Baca Velázquez, 2020)(Fernández Riquelme, 2019).
Estas acciones, implementadas de manera coordinada, contribuirán a construir entornos digitales más confiables y a preservar la valiosa función de las comunidades en línea como espacios de interacción y desarrollo colectivo.
Introducción
Planteamiento del problema y relevancia contemporánea
La comunicación digital transforma las interacciones humanas y la estructuración de las comunidades. Las plataformas en línea facilitan nuevas formas de agrupación y el desarrollo de identidades colectivas (Imbaquingo Pérez, 2019). Este entorno, caracterizado por la inmediatez y la accesibilidad, también introduce desafíos significativos para la autenticidad y la confianza (Voutssas-Marquez, 2017). Un fenómeno particular que perturba la integridad de las comunidades en línea es la descontextualización de las capturas de pantalla (screenshots) (Oliveira, 2015). Estas imágenes, extraídas de su contexto original, pueden manipular percepciones y distorsionar el discurso, afectando directamente la cohesión y la fiabilidad dentro de estos espacios digitales (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
La confianza constituye un elemento fundamental para la funcionalidad de cualquier sistema social, incluidas las agrupaciones digitales (Ganga & Capurro, 2015)(Mariñez Sánchez, 2012). En el ámbito digital, la construcción de la confianza se vuelve compleja debido a la ausencia de señales no verbales y la facilidad con la que la información puede ser alterada o presentada de manera engañosa (Voutssas-Marquez, 2017). La circulación de capturas de pantalla descontextualizadas se ha convertido en una herramienta recurrente para la propagación de desinformación y la polarización de opiniones, generando fricción y desconfianza entre los miembros de las comunidades (Didier et al., 2020)(Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). Esta práctica erosiona la capacidad de discernir la verdad y fomenta un ambiente de escepticismo, comprometiendo la calidad de la interacción y el capital social acumulado en estos colectivos (Ganga & Capurro, 2015).
Tesis y objetivos analíticos
La tesis central de este análisis sostiene que el uso extendido y la descontextualización de capturas de pantalla socavan la confianza en las comunidades en línea, con consecuencias adversas para la cohesión social y la integridad del discurso. Se observa cómo esta práctica altera la percepción de la realidad compartida, fragmenta el consenso y exacerba la polarización (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
Para abordar esta problemática, se establecen los siguientes objetivos analíticos:
- Examinar los mecanismos teóricos que sustentan la construcción y el mantenimiento de la confianza en los ecosistemas digitales.
- Caracterizar la proliferación y las mecánicas de la descontextualización de capturas de pantalla como forma de evidencia digital.
- Analizar el impacto multifacético de la descontextualización en la cohesión, la propagación de desinformación y las implicaciones individuales y colectivas.
- Identificar las respuestas y estrategias implementadas por instituciones y comunidades para mitigar los efectos negativos de la manipulación de la evidencia digital.
- Formular recomendaciones para fortalecer la confianza y la integridad en las comunidades en línea.
Este trabajo contribuye a la comprensión de las dinámicas sociotécnicas que sustentan la confianza en entornos digitales y ofrece perspectivas para fomentar espacios en línea más resilientes y auténticos.
Revisión temática: Dinámicas de confianza y desinformación en entornos digitales
La construcción de la confianza en comunidades digitales: enfoques teóricos y sociotécnicos
La confianza, entendida como la expectativa positiva sobre las intenciones o el comportamiento de otros en situaciones de incertidumbre, es un pilar en la interacción humana (Riera Adrover et al., 2020). En las comunidades digitales, su edificación se complejiza por la mediación tecnológica y la ausencia de contacto físico (Voutssas-Marquez, 2017). Modelos teóricos sugieren que la confianza digital se erige sobre la base de la benevolencia, la integridad y la competencia de los miembros (Hernández-Soto et al., 2020). La percepción de honestidad y la fiabilidad en el intercambio de información son cruciales para que una comunidad virtual prospere (Hernández-Soto et al., 2020)(2015).
Las relaciones personales y las experiencias previas satisfactorias consolidan la confianza entre los participantes de comunidades transdisciplinarias (Hernández-Soto et al., 2020). La comunicación interna, a través de plataformas digitales, también contribuye a la gestión del conocimiento y al fortalecimiento de la cultura organizacional, lo que indirectamente nutre la confianza (2015)(Pineda Henao, 2020). Desde una perspectiva sociotécnica, las propias arquitecturas de las plataformas (algoritmos, sistemas de moderación, mecanismos de verificación) influyen en la percepción de fiabilidad (Didier et al., 2020). Sin embargo, la naturaleza hipertextual del lenguaje digital y la facilidad de crear y compartir contenidos híbridos (visuales, orales, táctiles) también abren vías para la alteración y la descontextualización, representando un desafío constante para la confianza (Oliveira, 2015). La confianza se convierte en un concepto funcional y multidimensional que opera en la complejidad inherente a estos entornos (Mariñez Sánchez, 2012).
Transformaciones tecnológicas y la proliferación del screenshot como evidencia
Las transformaciones tecnológicas han reconfigurado los paradigmas de la comunicación y el acceso a la información (Alonso-Arévalo, 2017)(Borén Alfaro, n.d.). La digitalización masiva de documentos y la ubicuidad de los dispositivos móviles han hecho del screenshot una forma de «evidencia» omnipresente (Voutssas-Marquez, 2017). La capacidad de capturar instantáneamente cualquier contenido visible en una pantalla lo convierte en un medio rápido y aparentemente directo de documentar interacciones, declaraciones o publicaciones en línea (Cárdenas & Duarte, 2011). Este formato, al ser una imagen, capitaliza la cultura visual predominante en la comunicación contemporánea, donde el contenido visual a menudo se percibe como más impactante y convincente que el textual (Isensee & Rosumek, 2018)(Lima et al., 2020).
La facilidad de creación y distribución de capturas de pantalla contrasta con la dificultad inherente de verificar su autenticidad y su contexto original (Voutssas-Marquez, 2017). Aunque los avances en las tecnologías de la información y comunicación (TIC) ofrecen nuevas oportunidades para el análisis y la difusión de la investigación, también presentan retos en la evaluación de la calidad de la información (Alonso-Arévalo, 2017). La imagen digital, como «documento-fuente», puede ser manipulada sutilmente, haciendo que la distinción entre lo real y lo alterado sea cada vez más ambigua (Cárdenas & Duarte, 2011)(Hernández-Muñiz et al., 2020). Esta ambigüedad se intensifica cuando las imágenes se extraen de su secuencia narrativa o del diálogo completo, perdiendo su significado original y adquiriendo uno nuevo, potencialmente engañoso, al ser reintroducidas en un contexto diferente (Pérez Galán & Prieto Ramos, 2020). La proliferación de estos fragmentos visuales como sustitutos de la comunicación completa desafía la credibilidad y la veracidad en los entornos en línea.
Descontextualización digital: mecánicas, motivaciones y alcance
La descontextualización digital opera mediante la extracción deliberada de un fragmento de información, como una captura de pantalla, de su entorno comunicativo original para presentarlo en uno nuevo, donde su significado se altera o distorsiona (Sanmartín Sáez, 2019). Las mecánicas de esta práctica son variadas, abarcando desde el recorte selectivo de imágenes hasta la omisión de conversaciones previas o posteriores (Cárdenas & Duarte, 2011). Este proceso transforma la información visual en una «evidencia» maleable, susceptible de servir a narrativas preestablecidas. La facilidad con la que se pueden generar y distribuir estos fragmentos contribuye a su rápida propagación (Isensee & Rosumek, 2018).
Las motivaciones detrás de la descontextualización son diversas, incluyendo la intención de generar controversia, desacreditar a individuos o grupos, o influir en la opinión pública (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Didier et al., 2020). En contextos de desacuerdo, la descontextualización puede ser una estrategia para el ciberacoso o la incivilidad, donde se busca quebrar la cortesía social al presentar una versión sesgada de los hechos (Sanmartín Sáez, 2019). El alcance de esta práctica es vasto, afectando desde interacciones personales en redes sociales hasta debates políticos y la reputación de instituciones (González Hernández, 2016)(Cabezuelo Lorenzo & Ruiz Carreras, 2010). La información descontextualizada puede circular rápidamente, ganando tracción y siendo aceptada como verídica antes de que se pueda realizar una verificación adecuada, lo que la convierte en un desafío considerable para la autenticidad informativa en línea (Didier et al., 2020)(Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020).
Normativas, ética y gobernanza de la autenticidad informativa en plataformas en línea
La creciente prevalencia de la desinformación y la manipulación de contenidos digitales, incluyendo los screenshots descontextualizados, ha catalizado la necesidad de normativas y marcos éticos para la gobernanza de la autenticidad informativa en plataformas en línea (Didier et al., 2020). Instituciones públicas y organismos internacionales reconocen la erosión de la confianza pública y la polarización discursiva como resultados de la circulación de información engañosa (Mani & Echeverría, 2019)(Estella de Noriega, 2020). Esto ha impulsado el desarrollo de políticas destinadas a mitigar los efectos de las «noticias falsas» (fake news) y la descontextualización en el ciberespacio (Didier et al., 2020).
La ética de la comunicación digital subraya la responsabilidad de los usuarios y las plataformas en la verificación y la contextualización de la información compartida (Pineda Henao, 2020). La gobernanza de la autenticidad informativa no se limita a la regulación, sino que abarca iniciativas de alfabetización mediática y el fomento de un pensamiento crítico entre los usuarios (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018). Algunas plataformas implementan sistemas de verificación de hechos o etiquetas de advertencia, pero la escala y la velocidad de la desinformación a menudo superan la capacidad de respuesta (Didier et al., 2020). La complejidad de la situación estriba en equilibrar la libertad de expresión con la necesidad de proteger la integridad del discurso público y la confianza en las fuentes de información (Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). La colaboración entre la sociedad civil, las empresas tecnológicas, los gobiernos y la academia se considera fundamental para establecer un marco robusto que promueva la veracidad y la transparencia en el entorno digital (Alonso-Arévalo, 2017).
Análisis crítico: Impacto sistémico del screenshot descontextualizado en la integridad comunitaria
Disrupción de la cohesión social y erosión de la confianza interna
La descontextualización de capturas de pantalla genera una disrupción considerable en la cohesión social de las comunidades en línea. Al presentar información fragmentada y engañosa, se cultiva un ambiente de sospecha que erosiona la confianza entre los miembros (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019). La confianza, un factor esencial para la estabilidad de las interacciones sociales, se ve comprometida cuando los participantes dudan de la veracidad de la «evidencia» presentada (Riera Adrover et al., 2020)(Hernández-Soto et al., 2020). Esta erosión es particularmente dañina en comunidades donde la comunicación es el principal vehículo para la construcción de identidad y sentido de pertenencia (Imbaquingo Pérez, 2019)(Segarra Arnau, n.d.).
La percepción de que las interacciones pueden ser arbitrariamente sacadas de contexto y utilizadas con fines malintencionados desalienta la participación abierta y espontánea. Esto reduce el intercambio de conocimientos y la colaboración, que dependen fuertemente de un entorno de confianza (Hernández-Soto et al., 2020)(2015). La confianza interna de una comunidad se deteriora progresivamente, dificultando la resolución de conflictos y la formación de consensos. La descontextualización de screenshots, al amplificar malentendidos y alimentar narrativas divisivas, contribuye a la fragmentación de la comunidad en subgrupos polarizados, cada uno con su propia interpretación de los hechos y una desconfianza mutua acentuada (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017)(Sanmartín Sáez, 2019).
Propagación de desinformación y polarización discursiva
La descontextualización de capturas de pantalla sirve como un mecanismo eficaz para la propagación de desinformación. Estas imágenes, al carecer de su contexto original, pueden ser fácilmente insertadas en narrativas falsas o engañosas, adquiriendo una aparente credibilidad visual que las hace difíciles de refutar sin una investigación profunda (Cárdenas & Duarte, 2011)(Isensee & Rosumek, 2018). La velocidad con la que la información se comparte en las redes sociales exacerba este problema, permitiendo que la desinformación alcance a vastas audiencias antes de que se pueda intervenir (Didier et al., 2020).
Esta dinámica fomenta la polarización discursiva. Los usuarios, influenciados por sus propias predisposiciones políticas o ideológicas, tienden a aceptar y difundir información que valida sus puntos de vista, incluso si está descontextualizada (Moreno-Moreno & Sanjurjo-San-Martín, 2020). El entorno digital se convierte en una «ágora electrónica» donde la información no verificada y la retórica conflictiva pueden intensificar las tensiones sociales (Didier et al., 2020)(Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017). La ciberdescortesía, facilitada por el anonimato o la percepción de distancia, se incrementa, transformando los desacuerdos en confrontaciones directas que fragmentan el diálogo y profundizan las divisiones (Sanmartín Sáez, 2019). La capacidad de las comunidades para funcionar como espacios de intercambio constructivo se ve gravemente comprometida por la constante amenaza de la manipulación discursiva.
Repercusiones jurídicas, reputacionales y psicológicas para los individuos y colectivos
La descontextualización de capturas de pantalla conlleva repercusiones significativas en varios planos. Jurídicamente, la difusión de información manipulada puede constituir difamación o calumnia, especialmente cuando afecta la reputación de individuos o entidades. La dificultad de rastrear el origen y la autoría de una descontextualización complica la aplicación de medidas legales, aunque existen precedentes en casos de injuria en redes sociales (Sanmartín Sáez, 2019).
A nivel reputacional, el daño puede ser devastador. Una captura de pantalla descontextualizada puede destruir la imagen pública de una persona, una empresa o una organización en cuestión de horas, con efectos duraderos (González Hernández, 2016). Esta vulnerabilidad genera un clima de cautela y desconfianza, forzando a los individuos a auto-censurarse para evitar ser víctimas de la manipulación. Psicológicamente, los afectados pueden experimentar estrés, ansiedad e incluso aislamiento, al ver su identidad o sus palabras distorsionadas y usadas en su contra (Imbaquingo Pérez, 2019). Para los colectivos, la descontextualización puede sembrar la discordia interna, generar conflictos entre facciones y desviar recursos y energía de los objetivos comunitarios hacia la gestión de crisis reputacionales (Pilgun & Dzyaloshinsky, 2017). La integridad de la comunicación se ve comprometida, lo que repercute en la salud mental de los participantes y en la viabilidad de las comunidades digitales como espacios seguros y productivos.
Respuestas institucionales y comunitarias ante la manipulación de evidencia digital
Frente a la manipulación de evidencia digital, diversas respuestas institucionales y comunitarias emergen para salvaguardar la integridad de la información. Institucionalmente, las plataformas en línea han introducido medidas de moderación de contenido y sistemas de denuncia para identificar y eliminar material descontextualizado o engañoso (Didier et al., 2020). Algunos gobiernos y organismos supranacionales exploran marcos regulatorios para responsabilizar a las plataformas por la difusión de desinformación (Estella de Noriega, 2020). Además, se promueve la alfabetización digital y mediática para equipar a los usuarios con las habilidades necesarias para discernir la autenticidad de la información y comprender las dinámicas de la descontextualización (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018).
A nivel comunitario, las propias agrupaciones en línea desarrollan mecanismos de autodefensa. Esto incluye la creación de normas de convivencia explícitas que penalizan la descontextualización, el fomento de la verificación entre pares y la designación de moderadores comunitarios (Sanmartín Sáez, 2019). Las comunidades de práctica, por ejemplo, dependen de la integridad y la benevolencia de sus miembros para el intercambio de conocimientos, lo que las impulsa a desarrollar estrategias para mantener la confianza (Hernández-Soto et al., 2020). Algunos colectivos implementan campañas de concienciación sobre los peligros de la desinformación y el impacto de los screenshots descontextualizados (Didier et al., 2020). La colaboración entre los administradores de la plataforma y los líderes comunitarios ha demostrado ser efectiva en la gestión de crisis de confianza, aunque el desafío persiste debido a la naturaleza dinámica y descentralizada de la comunicación en línea (Pineda Henao, 2020).
Conclusión
Síntesis argumentativa y evaluación del estado actual
La investigación ha elucidado cómo la descontextualización de capturas de pantalla emerge como una amenaza significativa para la integridad de las comunidades en línea y la confianza digital. La facilidad con la que se generan y distribuyen estos fragmentos visuales permite la manipulación de narrativas, impactando la cohesión social y exacerbando la polarización (Isensee & Rosumek, 2018)(Sanmartín Sáez, 2019). La confianza, un constructo esencial para la interacción y el capital social, se ve comprometida al sembrar la duda sobre la autenticidad de la información y las intenciones de los comunicadores (Hernández-Soto et al., 2020)(Mariñez Sánchez, 2012).
El análisis de la construcción de la confianza en entornos digitales resalta la importancia de la benevolencia, la integridad y la experiencia positiva en las interacciones (Hernández-Soto et al., 2020). Sin embargo, las transformaciones tecnológicas han facilitado la proliferación de «evidencia» visual susceptible de manipulación (Cárdenas & Duarte, 2011). Las mecánicas de descontextualización, impulsadas por diversas motivaciones, tienen un alcance amplio, afectando tanto a individuos como a colectivos en sus dimensiones jurídicas, reputacionales y psicológicas (Sanmartín Sáez, 2019)(Didier et al., 2020).
El estado actual revela un esfuerzo continuo por parte de instituciones y comunidades para contrarrestar esta problemática mediante la moderación de contenido, la alfabetización digital y la promoción de normas de conducta. No obstante, la velocidad y escala de la desinformación en un entorno digital en constante evolución representan un desafío persistente (Didier et al., 2020). La complejidad del problema exige un enfoque multifacético que combine la regulación tecnológica con la educación de los usuarios y el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria. La capacidad de las comunidades en línea para mantener su vitalidad y propósito depende críticamente de su habilidad para cultivar y preservar la confianza en un panorama comunicativo incierto.
Recomendaciones estratégicas para fortalecer la integridad digital comunitaria
Para fortalecer la integridad digital y la confianza en las comunidades en línea, se sugieren las siguientes recomendaciones estratégicas:
- Desarrollo de herramientas de verificación de autenticidad: Las plataformas deben invertir en tecnologías avanzadas que permitan detectar manipulaciones en imágenes y videos, como marcas de agua digitales o metadatos verificables. Un sistema de trazabilidad de la fuente original de las imágenes podría ayudar a contextualizar y verificar la «evidencia» visual (Hernández-Muñiz et al., 2020).
- Fomento de la alfabetización mediática y digital: Implementar programas educativos robustos que enseñen a los usuarios a identificar la desinformación, a evaluar críticamente las fuentes y a comprender las mecánicas de la descontextualización. Esto incluye la promoción de un pensamiento escéptico y la verificación cruzada de información (Alonso-Arévalo, 2017)(Manchado Flores, 2018).
- Establecimiento de normas comunitarias claras y aplicables: Las comunidades en línea deben formalizar códigos de conducta que aborden explícitamente la descontextualización de contenido y sus consecuencias. La aplicación consistente de estas normas, con mecanismos de denuncia transparentes y procesos de mediación, refuerza la integridad del discurso (Sanmartín Sáez, 2019).
- Promoción de la comunicación contextualizada: Incentivar a los usuarios a compartir información completa y contextualizada, desincentivando el uso de fragmentos aislados que puedan inducir a error. Las plataformas pueden facilitar esto mediante funciones que enlacen automáticamente los screenshots a su origen o a discusiones completas.
- Inversión en investigación sobre inteligencia artificial para la detección de desinformación: Utilizar modelos de aprendizaje automático para identificar patrones de descontextualización y difusión de desinformación, permitiendo una respuesta más rápida y eficiente por parte de los moderadores de contenido (Didier et al., 2020).
- Colaboración multidisciplinar: Impulsar la cooperación entre tecnólogos, sociólogos, psicólogos, educadores y juristas para desarrollar soluciones integrales que aborden tanto los aspectos técnicos como los humanos de la desconfianza digital (Sadi Durón & Baca Velázquez, 2020)(Fernández Riquelme, 2019).
Estas acciones, implementadas de manera coordinada, contribuirán a construir entornos digitales más confiables y a preservar la valiosa función de las comunidades en línea como espacios de interacción y desarrollo colectivo.
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